 |
| Familia tribal laosiana |
Al sur de Laos, en la meseta del Bolavén, existen aldeas tribales en las que la forma de vida parece llevarnos a otra época. El aislamiento de esta zona es evidente, un francés que vive aquí me comenta que suele pasar un médico cada seis meses. El paisaje, salpicado por cataratas y bosques, es impresionante, y el clima resulta bastante suave. Para llegar hasta los poblados hay que alquilar una moto y ponerla a prueba por caminos embarrados y llenos de piedras. Antes, en la “carretera”, debes de esquivar transeúntes, niños corriendo, carros, perros, vacas, rebaños y todo tipo de artefactos con motor que te adelantan sin mirar llenándote de gravilla. Pero si sobrevives, la aventura merece la pena...
 |
| Fumando en pipa con parabólica de fondo |
Un guía local me acompaña durante el recorrido por una de las aldeas. Se puede decir que es la más turística ya que casi todos los días recibe alguna visita. El guía es un joven de la tribu, el único que chapurrea algo de inglés, aunque entenderle resulta complicado. Me aclara que es uno de los pocos que ha viajado y conoce alguna de las ciudades del país ya que la mayoría de los habitantes del Bolavén jamás salen de los límites de la región. En las afueras del poblado varios niños juegan dentro de un enorme hoyo. Mi acompañante me explica que una bomba americana dejó aquel agujero hace casi cuarenta años, durante la guerra del Vietnam. También me cuenta que la aldea está poblada por desplazados de aquella guerra y se organiza en clanes, llegando a vivir hasta veinte o treinta miembros de cada familia dentro de una misma cabaña.
Atravesamos los caminos de tierra sorteando gallinas y cerdos para visitar una cabaña donde muelen el grano y otra en la que fabrican lápidas, esculpiendo figuras humanas sobre la madera. En mitad de la aldea hay algo parecido a un ring de boxeo en el que se celebran combates y las principales ceremonias de la tribu. Sin embargo lo que más me llama la atención en aquel paseo son las gigantescas pipas que muchos aldeanos fuman, incluidos los niños. El guía me explica que esas pipas son parte importante de la cultura de la tribu. Los niños deben de fumar para marcar su entrada en la pubertad, y las parejas fuman de la misma pipa antes de casarse como parte del ritual del cortejo. Uno de los aldeanos me ofrece fumar de su pipa y la sensación es más que agradable.
2 comentarios:
Genial......
Muchas gracias. Es lo que había allí... impresionante.
Publicar un comentario