Bangkok es una ciudad ruidosa, sucia y caótica. Ahora solo faltaría escribir: “…aunque con encanto”, pero eso preferiría dejarlo a la opinión de cada uno.
| Canal en Bangkok |
La capital de Tailandia es un festival para el olfato: del aroma de la comida picante en los puestos callejeros a los efluvios de los canales putrefactos.
Bangkok es además una explosión de colores y de sabores, y te deja los sentidos saturados de tanta estimulación. El ruido es interminable y cruzar una calle puede ser una auténtica aventura. A primera vista no parece un lugar para la meditación...
Sin embargo, una de las cosas que más me sorprende de Asia es la convivencia de la acelerada vida urbana con las costumbres religiosas que suelen practicar los fieles.
Sin embargo, una de las cosas que más me sorprende de Asia es la convivencia de la acelerada vida urbana con las costumbres religiosas que suelen practicar los fieles.
| Calle comercial de Bangkok |
En Europa estamos acostumbrados a que los sitios de oración se encuentren en lugares tranquilos, y solemos buscar el aislamiento para nuestras actividades espirituales. Pero en Asia las cosas son diferentes.
En Japón por ejemplo, es habitual encontrar santuarios sintoistas bajo las vías del tren. En Bangkok visité un santuario cuya ubicación me resultó más sorprendente aún. Erigido al aire libre en pleno centro de la ciudad, junto al hotel Grand Hyatt, bajo las vías del skytrain y encajonado entre autopistas elevadas se encuentra el santuario de Erawan. Fue construido hace medio siglo para proteger a los obreros que trabajaban construyendo el hotel y en él rezan a diario fieles de distintos credos. Mezclados en total armonía se puede ver a elegantes ejecutivos que dedican unos minutos antes de llegar a la oficina junto con amas de casa que hacen una parada de camino al mercado. En Erawan se quema incienso, se encienden velas, y se depositan ofrendas.
| Ubicación del santuario de Erawan en pleno centro |
Se celebran también bailes rituales con bailarinas vestidas al modo tradicional en torno a la estatua del Dios hindú Brahma. Todas estas ceremonias tienen lugar en mitad del caos urbano más absoluto: los pitidos de los coches, el ajetreo de los comercios, los gritos de los vendedores, y el contínuo tránsito de todo tipo de vehículos y trenes elevados.
El contraste resulta tremendo. A un europeo le puede parecer una escena incongruente, pero para un tailandés es algo completamente normal. El budismo insiste mucho en la idea de la unidad, de que todas las cosas tienen una misma esencia, y de que lo espiritual y lo material se funden para formar un todo. Y Bangkok forma un todo caótico, ruidoso y a veces maloliente, pero un todo rebosante de vida.
El contraste resulta tremendo. A un europeo le puede parecer una escena incongruente, pero para un tailandés es algo completamente normal. El budismo insiste mucho en la idea de la unidad, de que todas las cosas tienen una misma esencia, y de que lo espiritual y lo material se funden para formar un todo. Y Bangkok forma un todo caótico, ruidoso y a veces maloliente, pero un todo rebosante de vida.
| Santuario de Erawan en Bangkok |


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