Pacifistas y militares en Ahmenabad

Habitación en la que vivía Gandhi
Ahmenabad es una ciudad de la India muy asociada a la figura de Gandhi. Esta populosa y contaminada urbe es la capital de Gujarat, uno de los estados más prósperos del país y la cuna de Gandhi y su aristocrática familia. En Ahmenabad Gandhi fundó su famoso Ashram. El Ashram era una comuna en la que el gran líder indio y sus seguidores vivían siguiendo unas reglas morales y de convivencia muy estrictas, guiados siempre por el principio de la "ahimsa", es decir, de la no-violencia. La comunidad en la que el Mahatma pasó tantos años de su vida estaba abierta a personas de todas las confesiones, razas y nacionalidades. Podría recordar a lo que luego fueron las comunas hippies, pero sin sexo y diversión, ya que aquí las ocupaciones principales y casi las únicas permitidas eran la oración y el trabajo.
Instalaciones del Ashram como museo
Durante mi viaje a la India pasé un par de días en Ahmenabad y visité su famoso Ashram. Lo más chocante para mí fue comprobar que esta ciudad es la más agresiva y estresante de la India moderna. Los coches circulan como si estuvieran poseídos por el demonio a través de unas calles inhóspitas y peligrosas, y sus habitantes desprenden una crispación y ansiedad que casi rozan lo agresivo en ciertos momentos. Ahmenabad reúne lo peor de los dos mundos: la  pobreza de Oriente y las prisas de Occidente. Curiosa paradoja, una más de las muchas que descubriré en mi viaje.
Para colmo de contrastes, durante mi visita al Ashram coincido con una compañía del ejército indio que ha viajado desde Delhi para conocer este lugar. Los soldados lucen orgullosos unos llamativos uniformes. Hablo un buen rato con algunos de ellos y nos hacemos fotos. El ejército ha tomado por momentos el refugio monacal del apóstol del pacifismo. No puedo evitar que la situación me arranque alguna sonrisa.

Militares indios de visita en el Ashram de Gandhi


Solo se vive una vez

En el templo dorado de Amritsar
"Zindagi na milegi dobara" significa "Solo se vive una vez" en hindi, y es el título de la película india ambientada en España que ha sido el gran éxito de Bollywood en 2011, y allí, ha puesto de moda nuestro país. Estoy en Amritsar, la ciudad santa de los sikhs en el Punjab. Llevo dos meses recorriendo la India y el final de mi viaje se acerca. Hoy he decidido ir al cine a ver "la famosa peli sobre España" de la que tanto he oído hablar. Me muero de curiosidad por saber cómo nos retratan. Varios amigos indios me acompañan al cine, unos son hindúes y otros de religión sikh... enfrentados años antes, los jóvenes van dejando atrás las viejas rivalidades. La película empieza y mi amigo Harish me traduce los diálogos del hindi al inglés. El murmullo no supone un problema porque en los cines de la India los espectadores hablan a gritos unos con otros, contestan a los móviles o animan a los protagonistas como si estuvieran en el salón de su casa. La película es una graciosa retahíla de tópicos sobre nuestra cultura: las fallas, el flamenco, los toros... pero sobre todo: ¡la tomatina!, fiesta sobre la que no han parado de preguntarme durante mi viaje, ya que a los indios les llama mucho la atención debido a su parecido con un festival religioso llamado Holi. La trama de la película me mantiene enganchado. Cuenta cómo tres jóvenes indios viajan por España en una odisea de búsqueda personal a través de la aventura y de disfrutar de las fiestas y de la noche en lo que ellos perciben como un paraíso de libertad. Su mirada es ingenua y de una fascinación casi infantil hacia nuestro modo de vida. Me recuerdan a mí mismo antes de empezar mi viaje por la India, me veo reflejado en esa actitud de búsqueda de uno mismo a través de lo diferente y de la ilusión por experimentar otra forma de entender la vida, en mi caso, opuesta a la de los protagonistas de la película. Y puedo decir que la India no ha defraudado mis expectativas; al igual que en "Solo se vive una vez", España no defrauda a los tres protagonistas, que acaban tan imbuidos de nuestra cultura, que corren hasta los sanfermines. Viendo "Solo se vive una vez", reflexiono sobre todo lo que he visto y lo que ha ocurrido en mi viaje. España, La India... son dos polos de experiencias opuestas, pero cualquiera puede ser un lugar válido para encontrarse y comprobar cómo el viaje más universal ocurre dentro de nosotros mismos.


El cartel con los protas en plena tomatina
Interior del cine

Lechoncitos y parabólicas

Familia tribal laosiana
Al sur de Laos, en la meseta del Bolavén, existen aldeas tribales en las que la forma de vida parece llevarnos a otra época. El aislamiento de esta zona es evidente, un francés que vive aquí me comenta que suele pasar un médico cada seis meses. El paisaje, salpicado por cataratas y bosques, es impresionante, y el clima resulta bastante suave. Para llegar hasta los poblados hay que alquilar una moto y ponerla a prueba por caminos embarrados y llenos de piedras. Antes, en la “carretera”, debes de esquivar transeúntes, niños corriendo, carros, perros, vacas, rebaños y todo tipo de artefactos con motor que te adelantan sin mirar llenándote de gravilla. Pero si sobrevives, la aventura merece la pena...



Un santuario entre autopistas

Bangkok es una ciudad ruidosa, sucia y caótica.  Ahora solo faltaría escribir: “…aunque con encanto”, pero eso preferiría dejarlo a la opinión de cada uno.
Canal en Bangkok
La capital de Tailandia es un festival para el olfato: del aroma de la comida picante en los puestos callejeros a los efluvios de los canales putrefactos.
Bangkok es además una explosión de colores y de sabores, y te deja los sentidos saturados de tanta estimulación. El ruido es interminable y cruzar una calle puede ser una auténtica aventura. A primera vista no parece un lugar para la meditación... 

¡Samurais enchaquetados!

Es fascinante el papel que jugaba la figura del samurai en la cultura japonesa.
Los samurais eran guerreros que formaban pequeños ejércitos sometidos a un señor y llegaban a sacrificar sus vidas por él.
Recreación del Japón tradicional en el museo de Tokyo
Su código de conducta (Bushido) se basaba en una consagración casi religiosa a su misión y en la lealtad entre sus miembros.
En apariencia el Japón samurai quedó atrás hace ya tiempo y de él apenas queda esa mirada romántica de las novelas y las películas.
El Japón moderno presenta un rostro muy diferente...