¡Samurais enchaquetados!

Es fascinante el papel que jugaba la figura del samurai en la cultura japonesa.
Los samurais eran guerreros que formaban pequeños ejércitos sometidos a un señor y llegaban a sacrificar sus vidas por él.
Recreación del Japón tradicional en el museo de Tokyo
Su código de conducta (Bushido) se basaba en una consagración casi religiosa a su misión y en la lealtad entre sus miembros.
En apariencia el Japón samurai quedó atrás hace ya tiempo y de él apenas queda esa mirada romántica de las novelas y las películas.
El Japón moderno presenta un rostro muy diferente...
Los japoneses son adictos a sus móviles de última generación y a todo tipo de cachibaches electrónicos que en Europa nos pueden parecer auténticas frikadas.
Karakuris del siglo XIX
Me sorprendió mucho descubrir como esta pasión hacia las máquinas estaba ya presente en su cultura desde hacia tiempo. En el siglo XIX fabricaban unos muñecos mecánicos llamados “karakuri”, que resultan ser sorprendentes antepasados de los robots modernos.
Las ciudades japonesas son amasijos de rascacielos futuristas y galerías subterráneas que parecen sacadas de “Blade Runner”.
Por no hablar de los curiosos retretes automatizados (de los que lanzan un chorrito de agua hacia el trasero) con su abanico de funciones: secado, música de fondo, taza con calefacción…etc.
En una ciudad japonesa, raras veces encuentras a alguien vestido al estilo del periodo samurai.
WC automatizado
Por el contrario, sí que te cruzas continuamente con legiones de oficinistas que embutidos en sus pulcros trajes oscuros y armados de un maletín, surcan las calles con aire decidido. Estos enchaquetados llegan a parecer clones e impresionan por su exagerada uniformidad.
Además, su compromiso con la empresa es casi religioso. Incluso tras acabar la jornada laboral, el trabajo sigue ocupando sus vidas.
Cuando “los enchaquetados” salen de la oficina, se reúnen en torno al jefe en las izakayas (tabernas tradicionales) para cenar, beber sake y compartir los problemas del trabajo. A menudo hasta altas horas de la noche. Parece ser su forma de reforzar los lazos dentro del grupo y consolidar su lealtad.
Levantan sus cuencos de sake para brindar, se abrazan y ríen. Transmiten la sensación de formar una segunda familia, por no decir la primera. De hecho Japón presenta una altísima tasa de divorcios en la tercera edad debido a que es tras la jubilación cuando las parejas realmente tienen tiempo de conocerse.
Pero antes de jubilarse, muchos japoneses repiten noche tras noche la misma escena en las izakayas: filas de maletines negros alineados impecablemente a sus espaldas como si fueran katanas detrás de cada guerrero. Tras llevar unos días observando el comportamiento de “los enchaquetados”, por fin caigo en la cuenta.
¡Si son como samurais!... ¡samurais enchaquetados!.

Metro de Tokyo en hora punta

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