Clases de inglés en Camboya

Camboya es una nación marcada por el genocidio y la guerra.
Al comprobar sobre el terreno la ausencia de personas mayores de cincuenta años, uno toma conciencia de la masacre que se vivió a finales de los setenta.
Grupo de músicos camboyanos
Esta tragedia dejó además una enorme cantidad de mutilados. Muchos de ellos forman grupos de música tradicional  y resulta impactante verles tocar sobre escenarios improvisados con el fin de conseguir algunas monedas de los turistas.
Es un país que ha estado durante años aislado del exterior y no es desde luego el lugar en el que esperes tener muchas ocasiones de hablar en inglés...
El único inglés que se escucha es el inglés de la supervivencia: el de los niños que intentan venderte todo tipo de baratijas entonando el “One dolar, one dolar” como un mantra sin final. Pero Asia a menudo te regala situaciones inesperadas.


Templos de Angkor en Camboya
Visitando los templos de Angkor, encuentro unos servicios públicos al borde de una carretera.
Entro y observo al vigilante, un joven camboyano que mira ensimismado una libreta. Cuando advierte mi presencia, se dirige a mí en inglés: “Can you help me with this word?” (¿Puedes ayudarme con esta palabra?). Me enseña un cuaderno cuyas páginas, repletas de expresiones en inglés, revelan que no es un principiante en el idioma. Le ayudo y me lo agradece cortesmente.

Pocos días más tarde visito una aldea a orillas del lago Tonle Sap. Es un lugar recóndito, al que solo puede accederse en pequeñas barcas. La mayoría de los aldeanos viven en carrizos de paja sostenidos por troncos a varios metros sobre las aguas. Para moverse entre los canales  utilizan canoas.  Me siento en un embarcadero de esta ciudad flotante y varias niñas comienzan a hablar conmigo. Su nivel de inglés me deja impresionado, su pronunciación es impecable. 
Ciudad flotante en el lago Tonle-Sap (Camboya)
Una pizarra llena de palabras inglesas es la mejor testigo de las clases impartidas allí mismo.
Un joven monje budista me explica más tarde que él se encarga de dar estas clases de manera desinteresada.

La escena me deja perplejo. Queda claro para mí que estas niñas y que aquel estudiante de Angkor tienen el mejor método de aprendizaje de idiomas posible: el sueño de encontrar una vida mejor.
Y consideran el inglés su pasaporte hacia ese sueño. No me cabe duda de que los camboyanos se están volviendo unos excelentes estudiantes de inglés.

Balsa-escuela en la ciudad flotante  en Camboya

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Está claro que el salir de la pobreza es la mejor motivación. Suerte con el blog¡.

Carlos B.

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